DÍA 3 DE OBSERVACIÓN 26/04/2016

Este día ha sido la primera vez que voy al colegio en bicicleta. Cuando llegué, lo primero que vi fue a una Carabinera en la puerta del colegio, la que estaba detenida y no caminando, lo que me hizo pensar en un episodio de violencia vivido por otra practicante. Pasé la reja del colegio y dejé mi bici estacionada en un bicicletero que posee el colegio que no está fijo al suelo u otra superficie, y eso me dio un poco de desconfianza, pues siento que me la pueden robar. Luego de eso, entré a la sala de profesores, pues me habían dicho la semana anterior que podía pasar a sus reuniones matutinas sin problemas. Me siento y escucho que el tema de conversación es acerca de la Celebración del día del libro que se llevaría a cabo ese mismo día en horas de clases. La distribución horaria fue la siguiente:
08:30 a 10:00 trabajo en las salas con profe jefe
10:00 a 10:40 acto conmemorativo
10:40 a 11:00 recreo
11:00 clases normales (en mi caso, 2do medio A)
13:00 a 14:00 Jurado pasará por las salas viendo la decoración de las puertas
Luego de ordenar la jornada y que todos quedasen avisados de las actividades, se habla del siguiente punto de la tabla: Resultados SIMCE del año 2015. Una persona, que no sé si es profesor o no, comenta “hay una tendencia a mantener el puntaje en todos los ramos, excepto por la lectura de 6º básico que mejoró en 20 puntos respecto del año 2014”. Justo en ese momento recuerdo un comentario de un profesor de la universidad acerca de las evaluaciones, quien decía que muchos colegios adecuan sus planificaciones en función de lograr obtener altos puntajes en el SIMCE, en vez de usar esa prueba como una herramienta más de calificación. El mismo hombre sigue hablando, y ahora dice “el SIMCE no es el fin último, pero instancias como éstas no pueden ser despreciadas”, “nuestro foco ahora es que no debe haber ningún niño NO lector en 2do básico. Si logramos eso, tendremos en los futuros 4tos medios una alta comprensión de lectura”. Después de conversar sobre eso, viene el punto “varios” de la tabla. Aquí una profesora menciona preocupada: “Tuvimos que cambiar a un curso de sala, porque un niño se cortó con un vidrio roto en su sala el día de ayer”. Me asusté un poco de esa situación, porque no da mayores detalles del accidente, si acaso fue intencionado por otro compañero, si fue sin querer, etc. El sujeto que hablaba del SIMCE le responde: “A veces hay niños intencionados que rompen los vidrios”, “Un curso siempre quebraba los vidrios, y los teníamos que reponer nosotros constantemente, hasta que llegó el invierno y decidimos no reponer un solo vidrio más, por lo que los estudiantes y sus respectivos apoderados tomaron la decisión y el compromiso de reponer ese vidrio roto que no había sido reparado y que además no volverían a quebrar ningún vidrio, y así ha sido hasta ahora”. Luego de eso, el profesor de Historia pone en la mesa otro tema: “¿Qué pasó con la petición de extender el primer recreo de desayuno?”, a lo que el sujeto mencionado responde: “Eso está en veremos todavía, porque tenemos que ver la modificación de la jornada en función de un desayuno más largo. Esto quiere decir, empezar antes las clases o terminarlas después, y un cambio así todavía no se puede trabajar”. Los profes intercambian un par de palabras más y acaba la reunión, porque son las 08:30 y es momento de irse a sus salas a hacer clases. Yo me quedo en ese espacio esperando a que llegue el profe de Artes, y aprovecho de conversar con una profesora joven de básica que se ha quedado en la sala. Le pregunto si acaso sabe de alguna sala con proyector, y de la posibilidad de usarla. Ella me responde: “La sala de audio tiene proyector y sillas, pero no tiene mesas”. Veo poco posible hacer la actividad que queríamos (mostrarles a los estudiantes referentes de la historia del arte y de retratos y autorretratos de diferentes movimientos artísticos). Justo en eso llega el profe de Artes a la sala de profes, me quedo con él conversando de esto último y le muestro un par de libros de artistas que llevé al colegio para poder “palear” el posible fallo en la planificación de la actividad de hoy con un proyector. Eso lo habíamos conversado antes, lo de que podía no funcionar lo del proyector, por eso habíamos quedado de acuerdo en llevar libros. Yo llevé uno de Goya, de Picasso y de un museo en Singapur, y él trajo uno de Kahlo y Rivera. Toca el timbre y nos vamos a la primera clase.

2DO MEDIO B


Lamentablemente no podemos realizar la actividad planeada ni se puede avanzar en el retrato porque los chicos están preparando las decoraciones para la puerta de su sala. Lo único que hacemos es darles ese tiempo de trabajo y ayudarles o conversar con ellos en la medida de lo posible. Aprovecho de comentarles que a partir de ese día voy a comenzar a tomar fotografías por encargos de la universidad. Me llama la atención que para este concurso de decoración se entusiasmaran tanto, pues compraron un montón de materiales e imprimieron varias fotos respecto al libro que les tocó (Los juegos del hambre). Pienso en que las clases de arte no son interesantes para ellos, porque entonces no se explica que ahora trabajaran tanto y trajeran de todo. El profesor trajo los autorretratos con notas, pero no les dice sus notas ni le entrega los trabajos. Me pongo a ver los trabajos, y le tomo foto a los 4 que tienen mejor nota y los 4 que tienen peor nota.

Un chico se acerca y nos dice que el trajo el autorretrato terminado, para que le pongamos la nota. El profe de artes me invita a ponerle puntaje, y de inmediato me siento nerviosa e incómoda (pensaba en mi cabeza que no quería ponerle puntaje a los criterios de evaluación, porque no estaba preparada y no sabía si sería justo, o si acaso sería muy estricta o muy blanda respecto a él). Le digo que es primera vez que hago esto, y me dice que es sólo una práctica, que no me preocupe tanto. Discutimos acerca de los puntos que le vamos a dar en cada criterio, y finalmente se le asigna una nota. Me siento súper mal de haber hecho eso, pero al rato se me quita. Toca la campana para ir al acto conmemorativo, así que entre los dos empezamos a pedirles a los niños que abandonen la sala y que bajen al patio. Como un grupo todavía no termina una de las decoraciones más grandes de la puerta, se niega a salir de la sala si no acaban con ello, y argumentan que el acto es igual todos los años, que bailan las mismas canciones y se saben los pasos de memoria.
Decido quedarme con ellos hasta qu terminen, mientras el profe de artes baja con todos los demás al acto. Tampoco estoy segura de lo que estoy haciendo, pero creo que es razonable su argumento y es mucho mejor que se queden a cargo de un “adulto” en la sala mientras trabajan en vez de quedarse solos y arriesgar a que los reten. Por último si los retan, yo podía ser testigo de que no fue sólo por “capear”, sino que de verdad ocuparon su tiempo productivamente. Todo ese tiempo que me quedo con ellos en la sala haciendo sus dibujos, converso con ellos de sus gustos por la literatura, el cine y la música. Parece que ambos nos sentimos a gusto. En un momento una niña se limita en decir algo: “después te digo” le dice a su amiga. Yo interpreto eso como “no puedo decírtelo porque está la practicante”. Finalmente terminan, y entre todos bajamos al acto en el primer piso.
RECREO
En verdad no bajamos al acto, porque éste ya se había acabado, así que era el momento del recreo, pero igual quedaban unos minutos solamente. Me encuentro con el profe de artes y me dice que me perdí todo el acto. Le respondo que sí, pero que prefería quedarme supervisando y ayudando a los chicos. Él está acompañado de dos mujeres: la encargada de cultura y otra que no recuerdo. Ambas me conversar un poco de sus labores. Tocan el timbre y con Matías volvemos a subir, esta vez al otro curso.
2DO MEDIO A
40 alumnos en el libro de clases, 27 en artes visuales
Hay más hombres que mujeres el día de hoy no por inasistencia de éstas, sino porque son las únicas que están trabajando por lo del día del libro, ya que no alcanzaron a terminar en las primeras horas de la mañana destinadas a ello. Un chico (de los más aplicados), por iniciativa propia supongo yo, barre los papeles del suelo los primeros minutos de clase para que la sala no esté tan sucia. Lo interpreto como una muestra de respeto hacia nosotros, pero ahora que lo pienso puede ser que también a él le moleste estar en un ambiente así, y lo haga por interés suyo. Al igual que con el otro curso, les aviso que tomaré fotografías de ahora en adelante. El trabajo de hoy consiste en seguir trabajando el rostro del personaje escogido y pintarlo con acuarela para los que van más avanzados. Durante la clase un grupo está molestando al resto del curso con el reflejo del sol en la pantalla del celular, apuntando a la cara de sus compañeros. Esto genera molestia y desorden, haciendo que se griten de un lado a otro de la sala y los acusen con nosotros, para pedirles que se detengan y trabajen. Se les dicen las notas (pero los trabajos no se les entregan), y observo que subieron las notas en autorretrato en comparación al retrato (actividad de diagnóstico anterior). El profesor trata de motivarlos con que se esfuercen un poco más cada vez, para tener notas buenas como el año pasado (eso a raíz de un niño que se queja en voz alta desde su puesto diciendo “el año pasado me iba súper bien en artes, y ahora no”). Mientras se les da tiempo para seguir trabajando, intento mostrar los libros a niños que creo que les puede interesar verlos. Francisco, uno de los niños que más trabaja en las clases, es a quien más quiero mostrarle el libro de Goya, pues creo que puede interesarle el periodo en que realiza sus “pinturas negras”. Me acerco, le muestro el libro, hojeamos juntos las pinturas hasta llegar a las páginas deseadas. Muestra mucho gusto por las pinturas negras, así que me siento feliz y lograda de haber logrado acercar a él un poco de historia. De verdad lo siento como un logro dentro de lo que he podido hacer en mis prácticas hasta ahora. Por mientras que le entrego al libro para que vea mas en detalle, aprovecho de ir a otros puestos y ver en qué están los chicos. José Sosa, un chico que este año llegó a vivir a chile desde ecuador, es quien más progreso ha tenido en esta actividad, pues es el único que trae casi todos los materiales (casi porque trajo de todo menos block, y está trabajando con hoja de croquera). Se le dificulta un poco cuando intenta pintar con acuarela, pues en ese tipo de hoja no se puede trabajar bien (las hojas con poco gramaje no absorben bien el agua, y suelen romper el papel). Cuando vuelvo a tomar algunas notas a la mesa del profesor, veo que éste está haciendo anotaciones en las hojas de vida de los alumnos. Supongo que son anotaciones negativas, ya que uno no suele destacar los logros de los estudiantes, sino son errores y malas conductas. En eso le dice a una niña de trenzas sentada al final de la sala que salga de sus clases, pues grita mucho, no trabaja y desconcentra a su grupo, pero esta no le obedece y le dice que se va a portar bien. En eso entra una señora a la sala, saluda al profesor y a mí y, con un libro de clases diferente al nuestro en sus brazos, comienza a darse vueltas por la sala y conversa con los niños. Yo pienso que se conocen de antes el profesor y ella, pero en un momento me acerco a él para preguntarle y me dice que no tiene idea quién es. En cuanto ella se da una primera vuelta y vuelve donde nosotros, me apresuro en preguntarle. Es una profesora PIE (programa de integración escolar) que nos dice cuáles son los niños con necesidades con los que trabaja. Estoy atenta a lo que me va diciendo cuando entremedio se alza la voz del profesor, que estaba en otra parte de la sala y dice: “Hay gente como tú que aún no tiene la primera nota (apunta a quien se refiere),  que en vez de jugar debería dedicarse a trabajar”, “ya he dado demasiadas oportunidades, y la última oportunidad que les doy para entregar el retrato es la próxima semana”, “no me da miedo poner rojos, así que la próxima semana si no llega el retrato voy a poner 2,0s”, “El trabajo se pinta acá, no en casa”, “No voy a aceptar trabajos pintados con lápices”. Vuelvo a concentrarme en la conversación que tenía con la profesora PIE y le pregunto si acaso trabaja con los niños solo dentro de clases o si hace sesiones fuera de clases en otra sala, a lo que responde: “sólo los que tienen NEEP (necesidades educativas especiales permanentes) son sacados de la sala, es decir, los sordos, no videntes, mudos…”, “hay un niño, ese de allá (lo apunta), que no es necesario sacarlo de la sala. Él tiene TDA (trastorno de déficit atencional), es decir que es medio disperso, pero siempre que trabaje, hay que dejarlo ser. Déjalo que se pare, que cante fuerte, pero sólo si trabaja mientras lo hace”. Me parece lógico, pero no me convence del todo. En eso ella va a darse otra vuelta por entre los alumnos. El profe y yo permanecemos un rato sentados en la mesa haciendo cosas por separado, en lo que llega una niña y le dice al profe que le ayude con el retrato: “es que no me sale, los ojos son raritos” refiriéndose a la cantante de die antwoord (quien de verdad tiene unos ojos especiales). Justo en eso llega una asistente de la educación a la sala a comunicarle algo al profesor y dice en voz alta al entrar: “como tienen de cochina la sala estos chiquillos”. La clase está a unos minutos de terminar, cuando ocurre algo inesperado: le esconden el libro de clases a la profesora PIE. Ella le dice al profesor en voz alta de un lado a otro de la sala si le permite decirle algo a los chiquillos, el profe responde que sí y ella comenta en tono amenazante: “el chistosito que me sacó el libro de clases, para la próxima lo voy a llevar a inspección”. Luego de eso, ella abandona la sala, tocan el timbre y todos salimos a recreo.
HORA HASTA FIN DEL DIA
Voy a la sala de profes con Matías, conversamos de cómo estuvo el día, pero se va rápidamente, pues tiene otros compromisos. Yo me quedo conversando con algunos profesores en la sala, de temas irrelevantes. Luego solo quedamos dos personas, y como la otra profesora está ocupada me pongo a leer. Se cumplen las horas de práctica, voy a UTP y firmo mi salida. Cuando veo mi bici aun estacionada, siento un relajo y una alegría inmensa. Emprendo mi viaje hacia la universidad.


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